{"product_id":"dominicana-isbn-9781644210703","title":"Dominicana","description":"\u003cb\u003e\u003ci\u003eUna extraordinaria novela de iniciación sobre una mujer joven que encuentra su voz en el mundo ahora en una edición en Español. \/ \u003c\/i\u003eAn extraordinary coming-of-age story of a young woman finding her voice in the world, now in a Spanish language edition. \u003c\/b\u003e\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl ú\u003ci\u003eltimo día de 1964, la quinceañera Ana Canción se casa con Juan Ruiz, un hombre veinte años mayor que ella, en el campo dominicano. Al día siguiente se vuelve Ana Ruiz, una esposa confinada a un apartamento de un cuarto en Washington Heights. Juan la engaña, abusa y controla, hasta le prohíbe aprender inglés. Después de un intento fallido de fuga, Ana se entera de que está embarazada. Su madre y su esposo comparan su embarazo a ganar la lotería, su niña tendrá ciudadanía estadounidense. Juan vuelve a la República Dominicana cuando la guerra civil comienza, dejando a César, su hermano, cuidando a Ana. Durante ese descanso del confinamiento ella se enamora genuinamente, lo cual despierta su voluntad de pelear por independizarse de su abusador y por su derecho de permanecer en su patria adoptiva. Un retrato atemporal de feminidad y ciudadanía, que sigue vigente en esta época de migración forzada.\u003c\/i\u003e\u003cbr\u003e \u003cbr\u003eOn the last day of 1964, fifteen-year-old Ana Canción marries Juan Ruiz, a man twice her age, in the Dominican countryside. The following day she becomes Ana Ruiz, a wife confined to a one-bedroom in Washington Heights. Juan is unfaithful, abusive, and controlling, he even forbids her from learning English. After a failed escape, Ana learns she is pregnant. Both her mother and husband compare her pregnancy to winning the lottery, her child will have American citizenship. Juan returns briefly to the Dominican Republic when the civil war begins, leaving César, his brother, to care for Ana. During that respite from confinement she experiences true love, which awakens her will to fight for independence from her abuser and for the right to stay in her adopted homeland. A timeless portrait of womanhood and citizenship, which rings true in this era of forced migration.ANGIE CRUZ is the author of the novels \u003ci\u003eSoledad\u003c\/i\u003e and\u003ci\u003e Let It Rain Coffee\u003c\/i\u003e, a finalist in 2007 for the International IMPAC Dublin Literary Award. She has published short fiction and essays in magazines and journals, including \u003ci\u003eThe New York Times\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eVQR\u003c\/i\u003e, and \u003ci\u003eGulf Coast Literary Journal\u003c\/i\u003e. She has received numerous grants and residencies including the New York Foundation of the Arts Fellowship, Yaddo, and The Macdowell Colony. She is founder and Editor-in-Chief of \u003ci\u003eAster(ix)\u003c\/i\u003e, a literary and arts journal. Cruz is an Associate Professor of English at the University of Pittsburgh. Dominicana was inspired by her mother's story.\u003cbr\u003eANGIE CRUZ es autora de las novelas Soledad y Let It Rain Coffee, finalista en el premio International IMPAC Dublin Literary Award, en 2007. Ha publicado cuentos cortos y ensayos en revistas y periódicos tales como The New York Times, VQR y Gulf Coast Literary Journal. Ha recibido numerosas becas y residencias, entre ellas la New York Foundation of the Arts, Yaddo y la MacDowell Colony. Es la fundadora y editora de Aster(ix), una revista literaria y artística. Cruz es profesora asociada de inglés en la Universidad de Pittsburgh. Dominicana fue inspirada en la historia de su madre.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTranslator KIANNY N. ANTIGUA is a fiction writer, poet and translator. She is Senior Lecturer of Spanish at Dartmouth College. Antigua has published fourteen children's books, four short story collections, two poetry collections, two microfiction collections, two anthologies, a novel, and a journal. She has won sixteen literary awards and lives in Hanover, NH.\u003cbr\u003eKIANNY N. ANTIGUA es narradora, poeta y traductora. Trabaja como profesora titular de español en Dartmouth College. Antigua ha publicado catorce libros de literatura infantil, cuatro de cuento, dos poemarios, dos antologías y dos libros de microficción, una novela y una revista. Ha ganado dieciséis premios literarios y sus textos aparecen en diversas antologías, libros de texto, revistas y otros medios.El día que Teresa se roba y se mete en el vestido favorito de Mamá para fugarse y verse con el Guardia, Mamá declara a Teresa como un caso perdido y mi matrimonio con Juan se convierte en su mayor prioridad.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e¿La viste cuando se fue?\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e¡No!, mentí.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl vestido blanco de Mamá le ajustaba a Teresa en todos los lugares correctos, incluyendo las rodillas. Ella se mueve como si sus tobillos tuvieran ruedas asidas a sí mismos, su cuerpo desarrollado y femenino. Una mujerota, dice Yohnny. Sus labios en forma de corazón están siempre separados porque tiene grandes dientes que parecen querer besarte.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eSolamente de pensar en los tígueres consiguiendo lo que quieren con Teresa y oyendo a la gente decir que ella es fácil y caliente y que no pierde tiempo, hace que Mamá apriete los puños y se hale el pelo. Tanto así que tiene un claro en la nuca dedicado a las escapadas de Teresa. Pero ninguna cantidad de pelas ni de gritos impide que Teresa se escape para estar con ese hombre.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLa primera vez que se fugó, Mamá gritó tan fuerte que las nubes derramaron tanta lluvia que nos inundamos. Toda la mañana, yo, Teresa, Lenny, Betty, Juanita y Yohnny barrimos el agua de la casa, llenando cubeta tras cubeta.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eHabía visto a Teresa tirar los rolos uno por uno y enroscarse en los dedos sus mechones oscuros. A Juanita le había tomado una hora entera secar el grueso y poco cooperativo cabello de Teresa. Pero valió la pena. Sacudió la cabeza para que el pelo le bailara alrededor del rostro, una reina de belleza.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eMamá te va a matar, le susurré, tratando de no despertar a Juanita y a Betty, quienes compartían cama con nosotras, y cuyas extremidades se enredan cuando duermen. Ronronean como gatitas. Una sábana nos separa de Lenny y Yohnny. Cuelga de un lado de la habitación al otro. Tan raída que, cuando la lámpara está encendida, antes de irnos a dormir, podemos ver nuestras siluetas reflejadas en las borrosas flores azules y amarillas que la decoran. Para suerte de Teresa, cuando ellos duermen, da lo mismo que si estuvieran muertos.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eDuérmete, estás soñando, negra.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTeresa se escurrió como un ratón. La noche estaba llena de chirridos, chillidos, croar, de miserables sonidos de apareamiento de ranas, justo afuera de nuestra ventana. Papá dice que es porque el amor duele.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e¿Y si Mamá no te deja regresar? ¿Y si te pasa algo?, digo, desde ya preocupada por el dolor que nuestros padres sentirán. Porque donde vivimos, no hay nada más que oscuridad. No hay otra casa en por lo menos dos kilómetros. Y la electricidad siempre anda con cambio de humores. Prende y apaga. Prende y apaga.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLos ojos de Teresa brillaron. Ven a ver. El Guardia está en la carretera, esperándome.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eMe acerqué de puntillas a la ventana. La brillante luz de la luna iluminaba la punta de las palmeras.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eRegresaré antes de que despierten. No te preocupes por mí, hermanita.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e¿Pero por qué tú no puedes esperar a estar con él como se debe? Él puede anunciarse y pedir tu mano. ¿Cómo sabes que tiene buenas intenciones?\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTeresa sonrió. En primer lugar, Mamá nunca lo aceptaría. Un día lo vas a entender. Cuando te enamoras, tienes que jugártela, aunque todo el mundo te llame loca. Por eso dicen que el amor es ciego. Nosotros no vemos.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eYo no quiero enamorarme nunca, dije, pero entonces pensé en Gabriel, que no me puede mirar a los ojos sin sonrojarse.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTú no eliges el amor, dijo Teresa, y sopló la salvia que bullía en la olla caliente para matar el olor a hombre que les brota a Lenny y a Yohnny por las noches.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTeresa se deslizó fuera de nuestra habitación. Me miró y me picó un ojo, se lamió los labios como si la vida misma fuera lo más delicioso que jamás hubiera probado. Me imaginé a mi madre, joven como Teresa, cortada por la misma tijera, cuánto se parecen. Pin-pun la mamá, es lo que todos dicen cuando ven a Teresa por primera vez. ¡Pin-pun!\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTodos tienen una historia de llegada. Esta es la de Juan. La primera vez que va a la ciudad de Nueva York, solo tiene una dirección y veinte dólares en los bolsillos. La guagua lo deja en la calle 72, esquina Broadway, en una isla llena de banquitos y drogadictos desmayados. El corazón se le acelera cuando los carros tocan bocina y los helicópteros le vuelan por encima. Siempre le gustaron las aventuras, pero por la forma en que la ciudad desde ya lo empuja, tan aprisa, sabe que, para ganar control de tal lugar, necesitará tiempo. Localiza el edificio y encuentra la puerta frontal dañada. Sube los cinco pisos arrastrando la maleta. Los bombillos del pasillo no están. El olor a humedad de las alfombras mojadas le recuerda las cuevas que visitó cuando era niño. Oh, cómo le gustaron las cuevas (las rocas resbaladizas, la oscuridad, el martilleo de la cascada), la recompensa más dulce, después de la caminata a través del fango.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eToma un profundo respiro. Él puede.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eCuando finalmente toca la puerta, un viejo desaliñado atiende. Yu, yu Frank?, pregunta Juan. Frank es el italiano que renta habitaciones. \u003cbr\u003e\u003cbr\u003eYes, yes.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eY con eso guía a Juan a su primer apartamento: una pequeña habitación con dos colchones. Uno desnudo, con una pila de sábanas cuidadosamente dobladas y una toalla encima. Sobre el colchón vecino, hay un hombre dormido con una almohada cubriéndole la cara para bloquear la luz de la calle que entra por la ventana pelada.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eDiez dólares a la semana. Todos los domingos. ¿Entiendes?, pregunta Frank en inglés.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eYes, tenquiu, responde en inglés. Juan había aprendido a decir: Sí, señor. Gracias. Dólares y centavos. No, señor. Los números del uno al diez. Está bien. La hora en punto. Taxi, por favor. Trenes.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e¿Dejaste una hembra allá?, pregunta Frank.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eMierda, ¿habla español?, Juan casi llora del alivio.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003ePorque aquí no aceptamos mujeres, continúa Frank. Ni por una semana ni por una noche.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eHasta ahora, Juan todavía no ha pensado en mí. Pero él sí planea casarse conmigo porque, como dice Ramón, lo que un hombre necesita para mantenerse alejado de los problemas es una muchacha de campo.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eFrank prepara café y lo sirve en dos tacitas dispares.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eOí que hay buenos trabajos en los hoteles de la calle 34, dice Juan.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eFrank levanta la barbilla. ¿Esa es la única ropa que tienes?\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl delgado abrigo de lana de Juan no tenía ni forro. De un armario ubicado en el pasillo, Frank saca un abrigo largo hasta las rodillas, de lana gruesa con espiguillas y cuello peludo.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eNo tienes por qué morirte de neumonía haciendo fila.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eJuan nota los puños desgastados, las capas de muselina expuestas. El forro hecho trizas.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTratamos de mantener las luces apagadas para mantener baja la factura de la electricidad. Aquí nadie se mete en los asuntos de nadie.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eUn bum estalla afuera. Juan salta.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTen cuidado por las noches. Los drogadictos matan por un dólar. Un hombre desesperado es peligroso.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eJuan le da los diez dólares del alquiler a Frank. Sorbe el café y se da cuenta de que no ha cenado. Las porciones en el avión eran muy pequeñas. Ya está oscuro y no quiere gastar su dinero en comida, en caso de que no pueda encontrar trabajo enseguida.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eTal vez deba dormir.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl baño está al final del pasillo. Buena suerte mañana.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eJuan mete su equipaje en posición vertical entre pared y colchón. La toalla mediana que está sobre la cama es delgada y tiene los bordes deshilachados, pero huele a limpia. Se acuesta completamente vestido. Sus zapatos junto a la cama. El otro hombre ronca. El estómago de Juan gruñe. Mira el reloj y piensa en el bizcocho de chocolate que le sirvieron en el avión. ¿O fue una galleta? Estaba crujiente por fuera y húmeda por dentro, como nada que hubiera probado antes.","brand":"Siete Cuentos","offers":[{"title":"Default Title","offer_id":46304194986213,"sku":"NP9781644210703","price":18.95,"currency_code":"USD","in_stock":false}],"thumbnail_url":"\/\/cdn.shopify.com\/s\/files\/1\/1842\/7735\/files\/9781644210703.jpg?v=1767725495","url":"https:\/\/k12savings.com\/products\/dominicana-isbn-9781644210703","provider":"K12savings","version":"1.0","type":"link"}