{"product_id":"relato-de-un-nufrago-the-story-of-a-shipwrecked-sailor-isbn-9780307475381","title":"Relato de un náufrago \/ The Story of a Shipwrecked Sailor","description":"\u003cb\u003eEl 28 de febrero de 1955 el destructor Caldas, que viajaba de Estados Unidos a Colombia, sufrió un accidente. Con la finalidad de rescatar a los náufragos, las fuerzas norteamericanas del canal de Panamá peinaron la zona cercana al siniestro. Después de cuatro días de búsqueda no encontraron ningún sobreviviente y se desistió de la búsqueda. Una semana más tarde apareció Luis Alejandro Velasco, quien después de pasar en las aguas del Caribe diez días a la deriva, logró llegar a tierra.\u003c\/b\u003e \u003cbr\u003e \u003cbr\u003eCon este libro, Gabriel García Márquez se descubrió a sí mismo como un narrador. Sin embargo, la intención primera era la de escribir un reportaje sobre un hombre que estuvo diez días a la deriva en una balsa mecida por el mar Caribe. El futuro premio Nobel de literatura y entonces joven reportero que era García Márquez escuchó el relato de los hechos de boca de su protagonista, y lo transformó, tal vez sin pretenderlo, en un prodigioso ejercicio literario, una narración escueta y vigorosa donde late el pulso de un gran escritor. \u003cbr\u003e \u003cbr\u003eLa publicación por entregas del reportaje en \u003ci\u003eEl espectador\u003c\/i\u003e de Bogotá supuso un alboroto político considerable —se revelaba la existencia de contrabando ilegal en un buque de la Armada colombiana, lo que costó la vida de siete marineros y el naufragio, más afortunado, de Velasco— y el exilio para su autor, que se vio abocado a una nueva vida.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e\u003cb\u003eENGLISH DESCRIPTION\u003c\/b\u003e\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e\u003cb\u003eThe Story of a Shipwrecked Sailor is a work of non-fiction by Colombian writer Gabriel García Márquez. The novel is about a shipwrecked sailor \"Velasques\" who struggles for ten days to reach the coast.\u003c\/b\u003e\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e In 1955, Garcia Marquez was working for El Espectador, a newspaper in Bogota, when in February of that year eight crew members of the Caldas, a Colombian destroyer, were washed overboard and disappeared. Ten days later one of them turned up, barely alive, on a deserted beach in northern Colombia. This book, which originally appeared as a series of newspaper articles, is Garcia Marquez's account of that sailor's ordeal.Gabriel García Márquez, nacido en Colombia, fue una de las figuras más importantes e influyentes de la literatura universal. Ganador del Premio Nobel de Literatura, fue además cuentista, ensayista, crítico cinematográfico, autor de guiones y, sobre todo, intelectual comprometido con los grandes problemas de nuestro tiempo, en primer término con los que afectaban a su amada Colombia y a Hispanoamérica en general. Máxima figura del realismo mágico, fue en definitiva el hacedor de uno de los mundos narrativos más densos de significados que ha dado la lengua española en el siglo xx. Entre sus obras más importantes se encuentran las novelas \u003ci\u003eCien años de soledad\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eEl coronel no tiene quien le escriba\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eCrónica de una muerte anunciada\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eLa mala hora\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eEl general en su laberinto\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eEl amor en los tiempos del cólera\u003c\/i\u003e, \u003ci\u003eMemoria de mis putas tristes\u003c\/i\u003e, el libro de relatos \u003ci\u003eDoce cuentos peregrinos\u003c\/i\u003e, la primera parte de su autobiografía, \u003ci\u003eVivir para contarla\u003c\/i\u003e, y sus discursos reunidos, \u003ci\u003eYo no vengo a decir un discurso\u003c\/i\u003e. Falleció en 2014.1\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eComo eran mis compañeros muertos en el mar\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEL 22 de febrero se nos anuncio que regresaríamos a Colombia. Teníamos ocho\u003cbr\u003emeses de estar en Mobile, Alabama, Estados Unidos, donde el A.R.C. Caldas\u003cbr\u003efue sometido a reparaciones electrónicas y de sus armamentos. Mientras\u003cbr\u003ereparaban el buque, los miembros de la tripulación recibíamos una\u003cbr\u003einstrucción especial. En los días de franquicia hacíamos lo que hacen todos\u003cbr\u003elos marineros en tierra: íbamos al cine con la novia y nos reuníamos después\u003cbr\u003een Joe Palooka, una taberna del puerto, donde tomábamos whisky y armábamos\u003cbr\u003euna bronca de vez en cuando.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eMi novia se Ilamaba Mary Address, la conocí dos meses después de estar en\u003cbr\u003eMobile, por intermedio de la novia de otro marino. Aunque tenia una gran\u003cbr\u003efacilidad para aprender el castellano, creo que Mary Address no supo nunca\u003cbr\u003epor que mis amigos le decían  Maria Dirección. Cada vez que tenia franquicia\u003cbr\u003ela invitaba al cine, aunque ella prefería que la invitara a comer helados.\u003cbr\u003eNos entendíamos en mi medio ingles y en su medio español, pero nos\u003cbr\u003eentendíamos siempre, en el cine o comiendo helados.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eSolo una vez no fui al cine con Mary: la noche que vimos El motín del Caine.\u003cbr\u003eA un grupo de mis compañeros le habían dicho que era una buena película\u003cbr\u003esobre la vida en un barreminas. Por eso fuimos a verla. Pero lo mejor de la\u003cbr\u003epelícula no era el barreminas sino la tempestad. Todos estuvimos de acuerdo\u003cbr\u003een que lo indicado en un caso como el de esa tempestad era modificar el\u003cbr\u003erumbo del buque, como lo hicieron los amotinados. Pero ni yo ni ninguno de\u003cbr\u003emis compañeros había estado nunca en una tempestad como aquella, de manera\u003cbr\u003eque nada en la película nos impresiono tanto como la tempestad. Cuando\u003cbr\u003eregresamos a dormir, el marino Diego Velásquez, que estaba muy impresionado\u003cbr\u003econ la película, pensando que dentro de pocos días estaríamos en el mar, nos\u003cbr\u003edijo: Que tal si nos sucediese una cosa como esa?.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eConfieso que yo también estaba impresionado. En ocho meses había perdido la\u003cbr\u003ecostumbre del mar. No sentía miedo, pues el instructor nos había ensenado a\u003cbr\u003edefendernos en un naufragio. Sin embargo, no era normal la inquietud que\u003cbr\u003esentía aquella noche en que vimos El motín del Caine.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eNo quiero decir que desde ese instante empecé a presentir la catástrofe.\u003cbr\u003ePero la verdad es que nunca había sentido tanto temor frente a la proximidad\u003cbr\u003ede un viaje. En Bogota, cuando era Nº y veía las ilustraciones de los\u003cbr\u003elibros, nunca se me ocurrió que alguien pudiera encontrar la muerte en el\u003cbr\u003emar. Por el contrario, pensaba en el con mucha confianza. Y desde cuando\u003cbr\u003eingrese en la Marina, hace casi doce anos, no había sentido nunca ningún\u003cbr\u003etrastorno durante el viaje.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003ePero no me avergüenzo de confesar que sentí algo muy parecido al miedo\u003cbr\u003edespués que vi. El motín del Caine. Tendido boca arriba en mi litera-la mas\u003cbr\u003ealta de todas-pensaba en mi familia y en la travesía que debíamos efectuar\u003cbr\u003eantes de llegar a Cartagena. No podía dormir. Con la cabeza apoyada en las\u003cbr\u003emanos oía el suave batir del agua contra el muelle, y la respiración\u003cbr\u003etranquila de los cuarenta marinos que dormían en el mismo salón. Debajo de\u003cbr\u003emi litera, el marinero primero Luis Rengifo roncaba como un trombón. No se\u003cbr\u003eque sonaba, pero seguramente no habría podido dormir tan tranquilo si\u003cbr\u003ehubiera sabido que ocho días después estaría muerto en el fondo del mar.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLa inquietud me duro toda la semana. El DIA del viaje se aproximaba con\u003cbr\u003ealarmante rapidez y yo trataba de infundirme seguridad en la conversación\u003cbr\u003econ mis compañeros. El A.R.C. Caldas estaba listo para partir. Durante esos\u003cbr\u003edías se hablaba con mas insistencia de nuestras familias, de Colombia y de\u003cbr\u003enuestros proyectos para el regreso. Poco a poco se iba cargando el buque con\u003cbr\u003eregalos que traíamos a nuestras casas: radios, neveras, lavadoras y estufas,\u003cbr\u003eespecialmente. Yo traía una radio.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eAnte la proximidad de la fecha de partida, sin poder deshacerme de mis\u003cbr\u003epreocupaciones, tome una determinación: tan pronto como llegara a Cartagena\u003cbr\u003eabandonaría la Marina. No volvería a someterme a los riesgos de la\u003cbr\u003enavegación. La noche antes de partir fui a despedirme de Mary, a quien pensé\u003cbr\u003ecomunicarle mis temores y mi determinación. Pero no lo hice, porque le\u003cbr\u003eprometí volver y no me habría creído si le hubiera dicho que estaba\u003cbr\u003edispuesto a no navegar jamás. Al único que comunique mi determinación fue a\u003cbr\u003emi amigo intimo, el marinero segundo Ramón Herrera, quien me confeso que\u003cbr\u003etambién había decidido abandonar la. Marina tan pronto como llegara a\u003cbr\u003eCartagena. Compartiendo nuestros temores, Ramón Herrera y yo, nos fuimos con\u003cbr\u003eel marinero Diego Velásquez a tomarnos un whisky de despedida en Joe\u003cbr\u003ePalooka.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003ePensábamos tomarnos un whisky, pero nos tomamos cinco botellas. Nuestras\u003cbr\u003eamigas de casi todas las noches conocían la noticia de nuestro viaje y\u003cbr\u003edecidieron despedirse, emborracharse y llorar en prueba de gratitud. El\u003cbr\u003edirector de la orquesta, un hombre serio, con unos anteojos que no le\u003cbr\u003epermitían parecer un músico, toco en nuestro honor un programa de mambos y\u003cbr\u003etangos, creyendo que era música colombiana. Nuestras amigas lloraron y\u003cbr\u003etomaron whisky de a dólar y medio la botella.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eComo en esa ultima semana nos habían pagado tres veces, nosotros resolvimos\u003cbr\u003eechar la casa por la ventana. Yo, porque estaba preocupado y quería\u003cbr\u003eemborracharme. Ramón Herrera porque estaba alegre, como siempre, porque era\u003cbr\u003ede Arjona y sabia tocar el tambor y tenia una singular habilidad para imitar\u003cbr\u003ea todos los cantantes de moda.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eUn poco antes de retirarnos, un marinero norteamericano se acerco a la mesa\u003cbr\u003ey le pidió permiso a Ramón Herrera para bailar con su pareja, una rubia\u003cbr\u003eenorme, que era la que menos bebía y la que mas lloraba -sinceramente!-. El\u003cbr\u003enorteamericano pidió permiso en ingles y Ramón Herrera le dio una sacudida,\u003cbr\u003ediciendo en español: No entiendo un barajo!.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eFue una de las mejores broncas de Mobile, con sillas rotas en la cabeza,\u003cbr\u003eradiopatrullas y policías. Ramón Herrera, que logro ponerle dos buenos\u003cbr\u003epescozones al norteamericano, regreso al buque a la una de la madrugada,\u003cbr\u003eimitando a Daniel Santos. Dijo que era la ultima vez que se embarcaba. Y, en\u003cbr\u003erealidad, fue la ultima.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eA las tres de la madrugada del 24 de febrero zarpo el A.R.C. Caldas del\u003cbr\u003epuerto de Mobile, rumbo a Cartagena. Todos sentíamos la felicidad de\u003cbr\u003eregresar a casa. Todos traíamos regalos. El cabo primero Miguel Ortega,\u003cbr\u003eartillero, parecía el mas alegre de todos. Creo que ningún marino ha sido\u003cbr\u003enunca mas juicioso que el cabo Miguel Ortega. Durante sus ocho meses en\u003cbr\u003eMobile no despilfarro un dólar. Todo el dinero que recibió lo invirtió en\u003cbr\u003eregalos para su esposa, que le esperaba en Cartagena. Esa madrugada, cuando\u003cbr\u003enos embarcamos, el cabo Miguel Ortega estaba en el puente, precisamente\u003cbr\u003ehablando de su esposa y sus hijos, lo cual no era una casualidad, porque\u003cbr\u003enunca hablaba de otra cosa. traía una nevera, una lavadora automática, y una\u003cbr\u003eradio y una estufa. Doce horas después el cabo Miguel Ortega estaría tumbado\u003cbr\u003een su litera, muriéndose del mareo. Y setenta y dos horas después estaría\u003cbr\u003emuerto en el fondo del mar.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLos invitados de la muerte\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eCuando un buque zarpa se le da la orden: Servicio personal a sus puestos de\u003cbr\u003ebuque. Cada uno permanece en su puesto hasta cuando la nave sale del puerto.\u003cbr\u003eSilencioso en mi puesto, frente a la torre de los torpedos, yo veía perderse\u003cbr\u003een la niebla las luces de Mobile, pero no pensaba en Mary. Pensaba en el\u003cbr\u003emar. Sabia que al DIA siguiente estaríamos en el golfo de México y que por\u003cbr\u003eesta época del ano es una ruta peligrosa. Hasta el amanecer no vi. al\u003cbr\u003eteniente de fragata Jaime Martines Diago, segundo oficial de operaciones,\u003cbr\u003eque fue el único oficial muerto en la catástrofe. Era un hombre alto,\u003cbr\u003efornido y silencioso, a quien vi. en muy pocas ocasiones. Sabia que era\u003cbr\u003enatural del Tolima y una excelente persona.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEn cambio, esa madrugada vi. al suboficial primero Julio Amador Caraballo,\u003cbr\u003esegundo contramaestre, alto y bien plantado, que paso junto a mi, contemplo\u003cbr\u003epor un instante las ultimas luces de Mobile y se dirigió a su puesto. Creo\u003cbr\u003eque fue la ultima vez que lo vi. en el buque.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eNinguno de los tripulantes del Caldas manifestaba su alegría del regreso mas\u003cbr\u003eestrepitosamente que el suboficial Elías Sabogal, jefe de maquinistas. Era\u003cbr\u003eun lobo de mar. Pequeño, de piel curtida, robusto y conversador. Tenia\u003cbr\u003ealrededor de cuarenta anos y creo que la mayoría de ellos los paso\u003cbr\u003econversando.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl suboficial Sabogal tenia motivos para estar mas contento que nadie. En\u003cbr\u003eCartagena lo esperaban su esposa y sus seis hijos. Pero solo conocía cinco:\u003cbr\u003eel menor había nacido mientras nos encontrábamos en Mobile.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eHasta el amanecer el viaje fue perfectamente tranquilo. En una hora me había\u003cbr\u003eacostumbrado nuevamente a la navegación. Las luces de Mobile se perdían en\u003cbr\u003ela distancia entre la niebla de un DIA tranquilo, y por el oriente se veía\u003cbr\u003eel sol, que empezaba a levantarse. Ahora no me sentía inquieto, sino\u003cbr\u003efatigado. No había dormido en toda la noche. Tenia sed. Y un mal recuerdo\u003cbr\u003edel whisky.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eA las seis de la mañana salimos del puerto. Entonces se dio la orden:\u003cbr\u003eServicio personal, retirarse. Guardias de mar, a sus puestos. Tan pronto\u003cbr\u003ecomo oí la orden me dirigí al dormitorio. Debajo de mi litera, sentado,\u003cbr\u003eestaba Luis Rengifo, frotándose los ojos para acabar de despertar.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-Por donde vamos? -me pregunto Luis Rengifo.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLe dije que acabábamos de salir del puerto. Luego subí a mi litera y trate\u003cbr\u003ede dormir.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLuis Rengifo era un marino completo. había nacido en Choco, lejos del mar,\u003cbr\u003epero llevaba el mar en la sangre. Cuando el Caldas entro en reparación en\u003cbr\u003eMobile, Luis Rengifo no formaba parte de su tripulación. Se encontraba en\u003cbr\u003eWashington, haciendo un curso de armería. Era serio, estudioso y hablaba el\u003cbr\u003eingles tan correctamente como el castellano.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eEl 15 de marzo se graduó de ingeniero civil en Washington. Allí se caso, con\u003cbr\u003euna dama dominicana, en 1952. Cuando el destructor Caldas fue reparado, Luis\u003cbr\u003eRengifo viajo de Washington y fue incorporado a la tripulación. Me había\u003cbr\u003edicho, pocos días antes de salir de Mobile, que lo primero que haría al\u003cbr\u003ellegar a Colombia seria adelantar las gestiones para trasladar a su esposa a\u003cbr\u003eCartagena.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eComo tenia tanto tiempo de no viajar, yo estaba seguro de que Luis Rengifo\u003cbr\u003esufriría de mareos. Esa primera madrugada de nuestro viaje, mientras se\u003cbr\u003ebestia, me pregunto:\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-Todavía no te has mareado?\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eLe respondí que no. Rengifo dijo, entonces:\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-Dentro de dos o tres horas te veré con la lengua afuera.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-Axial te veré yo a ti -le dije. Y el respondió:\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-El DIA que yo me maree, ese DIA se marea el mar.\u003cbr\u003e\u003cbr\u003eAcostado en mi litera, tratando de conciliar el sueno, yo volví a acordarme\u003cbr\u003ede la tempestad. Renacieron mis temores de la noche anterior. Otra vez\u003cbr\u003epreocupado, me volví hacia donde Luis Rengifo acababa de vestirse y le dije:\u003cbr\u003e\u003cbr\u003e-Ten cuidado. No vaya y sea que la lengua te castigue.","brand":"Vintage Espanol","offers":[{"title":"Default Title","offer_id":44865404666085,"sku":"NP9780307475381","price":16.95,"currency_code":"USD","in_stock":false}],"thumbnail_url":"\/\/cdn.shopify.com\/s\/files\/1\/1842\/7735\/files\/9780307475381.jpg?v=1767735608","url":"https:\/\/k12savings.com\/es\/products\/relato-de-un-nufrago-the-story-of-a-shipwrecked-sailor-isbn-9780307475381","provider":"K12savings","version":"1.0","type":"link"}