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El Creador de Exitos

por Celebra
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Description
Se ha escrito mucho acerca de Tommy Mottola, uno de los ejecutivos más poderosos, visionarios y exitosos en la historia de la industria de la música. Descubrió, desarrolló y acompañó el progreso profesional de muchas súper estrellas incluyendo a Mariah Carey, Celine Dion, Shakira, Jennifer Lopez y Gloria Estefan, y es reconocido como el creador de la “explosión latina”. Ha tenido el privilegio de trabajar al lado de Bruce Springsteen, Billy Joel, Bob Dylan, Beyoncé, Michael Jackson, Barbra Streisand, las Dixie Chicks, Pearl Jam, Aerosmith, Tony Bennett y Ozzy Osbourne, entre otros gigantes de la música. Esta es su historia – la historia de la industria de la música moderna, desde Elvis hasta el iPod – a través de los ojos del hombre que hizo que la mayor parte del desarrollo de esta industria fuera posible.

EL CREADOR DE ÉXITOS relata la forma como un muchacho del Bronx –un desertor escolar– se convirtió en uno de los CEOs más creativos y controversiales de la industria de la música. Por primera vez, Tommy pone al descubierto los hechos tras los aspectos más sensacionales de su vida, como el de haber estado casado con Mariah Carey y haber desarrollado la carrera de esta artista, haber sido la persona encargada de manejar los altibajos emocionales de Michael Jackson, haber tenido la fuerza para enfrentarse a quien fuera en una época su jefe y su mentor, Walter Yetnikoff. EL CREADOR DE ÉXITOS nos llevará a ese mundo de poder, dinero y fama, a medida que nos narra sus fascinantes encuentros con incontables íconos y lo que fue para Tommy Mottola estar en la cima en el momento en el que el negocio sufrió un cambio repentino.

La historia de Tommy es una que jamás podrá igualarse, y está aquí, por primera vez, en su propia voz.Elogios de TOMMY MOTTOLA y  EL CREADOR DE ÉXITOS

“Tommy es un hombre inteligente, creativo y tiene el ingenio que se adquiere con la determinación de triunfar en la vida ¡y él lo logró! Es una de esas clásicas historias de éxito de América que surgen de un barrio como el Bronx, es algo que él simplemente hace, lo logra, hasta convertirse en el CEO de Sony. Siempre me sentí orgulloso de él”.–Robert De Niro

“Tommy sabe lo que es sentir hambre. Es un animal del rock and roll y una persona de la calle. Tenía ese fuego en sus entrañas. Nadie puede impedir que alguien como él triunfe. Encuentra su fuerza en la adversidad”.–Billy Joel

“Tommy se convirtió en una parte muy importante de mi vida y mi carrera. Es un gurú. Sabe lo que hace. Nadie tuvo jamás tanto que ver con el éxito del negocio de la música como Tommy. Ha creado más súper estrellas que cualquier otro. Todos estos sorprendentes artistas con catálogos tan excelentes, Tommy tuvo que ver con todo eso”.–Jennifer Lopez

“Lanzar la carrera de un artista, crear ese sentido de que alguien especial está a punto de salir al escenario y luego irlo llevando a cada nivel individual donde no sólo se convierte en una estrella nacional sino en una estrella internacional con características únicas y con una obra especial. Tommy supo cómo hacer eso extremadamente bien”.–Clive Davis

“Tommy Mottola tiene agallas y bolas de hierro. Cuando todos rechazaron la pista musical de Chicago, Tommy dijo sí. El álbum ganó un Grammy y vendió cuatro y medio millones de copias. Hasta ahí llegaron los que se empeñaban en decir que no”.–Harvey Weinstein

“He conocido unas cuantas leyendas en mi vida, y Tommy Mottola es una de ellas. En mi opinión, lo que hizo Tommy fue cambiar el panorama musical y el negocio de la música. Hizo que el negocio de la música fuera más divertido, menos corporativo, más aventurero… Fue un catalizador al lograr que cambara mi forma de pensar acerca de muchas cosas y cambió el curso de mi vida. Él entiende el poder de una estrella, conoce cómo crear súper estrellas, y sabe de globalización”.–Simon CowellTOMMY MOTTOLA es uno de los ejecutivos de más alto perfil en la historia de la industria de la música. Se le acredita el descubrimiento, y el manejo de las carreras, de muchos de los artistas musicales más icónicos del mundo. Comenzó como un músico y a los dieciocho años era un artista que grababa para Epic Records, regresó veinte años después para dirigir esa misma compañía como CEO de Sony Music Entertainment a nivel global. Durante el tiempo que ocupó ese cargo, triplicó los ingresos de la compañía, llegando a ventas calculadas en 8 mil millones de CD’s, generando más de $65 mil millones en ventas. En la actualidad, Tommy dirige Mottola Media Group, una compañía mundial de entrenamiento y medios, en Nueva York, donde vive con su esposa Thalía y sus dos pequeños hijos, Sabrina y Matthew, y muy cerca de él se encuentras sus dos hijos mayores, Sarah y Michael.

Cuando veas las canciones al comienzo de cada capítulo, estarás viendo una radiografía de la música que me inspiró y me definió como persona. Aunque no están por orden cronológico, estas canciones han sido la trama y la pista sonora de mi vida.

Son apenas algunas de esas canciones, melodías y letras —por simples que fueran en algunas ocasiones— las que me ayudaron a hacer lo que hice y a convertirme en quien soy.

Para cuando termines de leer este libro, habrás descubierto la discografía que influenció mi vida, desde Elvis hasta el iPod. Ha sido, sin duda, la época más dorada de la música en la historia, y las voces al final de varios de los capítulos ofrecerán otras imágenes de lo que estaba ocurriendo durante esos años.

Quizás tengas curiosidad de saber acerca de mi relación con Mariah y Michael y Bruce y Billy Joel y tantos otros grandes artistas de este período que nunca podrá duplicarse. Ya llegaremos a todo eso.

Tal vez te interese conocer cómo era el proceso de desarrollo de las estrellas antes de que éste consistiera en subir una canción y distribuirla viralmente por YouTube. O cómo se inició la explosión latina. O cómo fueron las cosas cuando apareció Napster y la música fue arrancada de las manos de los artistas y de las compañías disqueras que la producían. Yo comprendí que estaba a punto de producirse un terremoto. Teníamos muchos planes que reestructurar en ese entonces, incluyendo el de intentar un trabajo en tándem entre Sony y Apple que estuviera a la vanguardia de la era digital; y tal vez te interese saber por qué eso nunca se dio. También hablaré de todo ello.

Se vendieron ocho mil millones de unidades de CDs y casetes durante mis quince años como presidente de Sony Music. Será necesaria una larga explicación para cubrir las estrategias que se llevaron a cabo durante esos años para llegar a sesenta y cinco mil millones de dólares en ventas.

Pero nada de lo que diga podrá verse en perspectiva a menos de que vengas a caminar conmigo al lugar donde escuché música por primera vez: el Bronx. Así que comenzaremos en la intersección de la Calle 187 con Arthur Avenue.

Only You (And You Alone) • The Platters

(We’re Gonna) Rock around the Clock • Bill Haley and His Comets

Sincerely • The McGuire Sisters

Cherry Pink and Apple Blossom White • Pérez Prado

Maybellene • Chuck Berry

Bo Diddley • Bo Diddley

Tutti Frutti • Little Richard

Earth Angel (Will You Be Mine) • The Penguins

Folsom Prison Blues • Johnny Cash

Hound Dog • Elvis Presley

“Don’t Be Cruel” • Elvis Presley

Heartbreak Hotel • Elvis Presley

Love Me Tender • Elvis Presley

The Great Pretender • The Platters

Memories Are Made of This • Dean Martin

Why Do Fools Fall in Love • Frankie Lymon and the Teenagers

Blueberry Hill • Fats Domino

My Prayer • The Platters

I Walk the Line • Johnny Cash

Please, Please, Please • James Brown and the Famous Flames

In the Still of the Night • The Five Satins

I’m Not a Juvenile Delinquent • Frankie Lymon and the Teenagers

Oh, What a Night • The Dells

To Be Loved • Jackie Wilson

Blue Christmas • Elvis Presley

All Shook Up • Elvis Presley

Jailhouse Rock • Elvis Presley

You Send Me • Sam Cooke

Wake Up Little Susie • The Everly Brothers

Bye Bye Love • Everly Brothers

Diana • Paul Anka

All the Way • Frank Sinatra

Whole Lot of Shakin’Goin’On • Jerry Lee Lewis

Great Balls of Fire • Jerry Lee Lewis

Searchin’ • The Coasters

Peggy Sue • Buddy Holly

Silhouettes • The Rays

Come Go With Me • The Dell-Vikings

I’m Walkin’ • Fats Domino

Rock & Roll Music • Chuck Berry

That’ll Be the Day • Buddy Holly and the Crickets

I Wonder Why • Dion and the Belmonts

Johnny B. Goode • Chuck Berry

At the Hop • Danny & the Juniors

Get a Job • The Silhouettes

Sweet Little Sixteen • Chuck Berry

A Lover’s Question • Clyde McPhatter

Rockin’ Robin • Bobby Day

Tears on My Pillow • Little Anthony and the Imperials

Tequila • The Champs

It’s Only Make Believe • Conway Twitty

All I Have to Do Is Dream • The Everly Brothers

Twilight Time • The Platters

One Night • Elvis Presley

You Are My Destiny • Paul Anka

Yakety Yak • The Coasters

Splish Splash • Bobby Darin

Fever • Peggy Lee

Little Star • The Elegants

Lonely Teardrops • Jackie Wilson

Good Golly Miss Molly • Little Richard

16 Candles • The Crests

One Summer Night • The Danleers

Stagger Lee • Lloyd Price

Smoke Gets in Your Eyes • The Platters

Mack the Knife • Bobby Darin

Maybe Baby • Buddy Holly and the Crickets

Witchcraft • Frank Sinatra

Wear My Ring around Your Neck • Elvis Presley

Put Your Head on My Shoulder • Paul Anka

It’s Just a Matter of Time • Brook Benton

What’d I Say • Ray Charles

Charlie Brown • The Coasters

Poison Ivy • The Coasters

Dream Lover • Bobby Darin

A Teenager in Love • Dion and the Belmonts

There Goes My Baby • The Drifters

Sorry (I Ran All the Way Home) • The Impalas

Personality • Lloyd Price

Don’t You Know? • Della Reese

Since I Don’t Have You • The Skyliners

Lavender Blue • Sammy Turner

What a Diff’rence a Day Makes! • Dinah Washington

I’m Sorry • Brenda Lee

It’s Now or Never • Elvis Presley

The Twist • Chubby Checker

Only the Lonely (Know the Way I Feel) • Roy Orbison

Where or When • Dion and the Belmonts

Walk—Don’t Run • The Ventures

Chain Gang • Sam Cooke

Let It Be Me • The Everly Brothers

Beyond the Sea • Bobby Darin

Please Help Me, I’m Falling • Hank Locklin

Harbor Lights • The Platters

Let the Little Girl Dance • Billy Bland

Georgia on My Mind • Ray Charles

Step by Step • The Crests

Doggin’ Around • Jackie Wilson

Money (That’s What I Want) • Barrett Strong

Short Fat Fannie • Larry Williams

So Fine • The Fiestas

Will You Love Me Tomorrow • The Shirelles

Save the Last Dance for Me • The Drifters

Shop Around • The Miracles

At Last • Etta James

He Will Break Your Heart • Jerry Butler

Stay • Maurice Williams & the Zodiacs

Finger Poppin’ Time • Hank Ballard and the Midnighters

This Magic Moment • The Drifters

Are You Lonesome Tonight • Elvis Presley

A Fool in Love • Ike and Tina Turner

Angel Baby • Rosie and the Originals

Tonight’s the Night • The Shirelles

Bye Bye Baby • Mary Wells

Lonely Teenager • Dion

Alley Oop • The Hollywood Argyles

Stand by Me • Ben E. King

Crazy • Patsy Cline

The Wanderer • Dion

Runaround Sue • Dion

Crying • Roy Orbison

Hit the Road Jack • Ray Charles

Quarter to Three • Gary U. S. Bonds

Running Scared • Roy Orbison

Please Mr. Postman • The Marvelettes

Can’t Help Falling in Love • Elvis Presley

Blue Moon • The Marcels

Duke of Earl • Gene Chandler

Mother-in-Law • Ernie K-Doe

Unchain My Heart • Ray Charles

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Lo mejor de ir a Arthur Avenue es que es una calle que siempre te recibe con los brazos abiertos y te lleva al pasado, incluso si nunca la has visitado.

Ya no hay adolescentes cantando doo-wop en las esquinas y ahora hay televisores plasmas en todos los restaurantes y bares. Pero, por lo demás, Arthur Avenue no ha cambiado mucho desde que yo era niño.

La carnicería. La pescadería. La panadería. La tienda donde venden pasta. Los estantes de frutas en los enormes mercados cubiertos. La vieja máquina de café espresso de la pastelería DeLillo’s. No hay en los Estados Unidos muchos otros lugares donde se vea un letrero sobre la puerta de un restaurante que diga: “Cinco Generaciones”. Ey, ¿quieres unas almejas? Pues aquí mismo en la calle las podemos comer frescas: están allí sobre hielo frente a Cosenza’s. Compremos una docena. Mira... pruébalas con un poquito de salsa de cóctel, con rábano picante, un toque de vinagre, unas gotitas de limón y una gota de Tabasco. ¿No te dije? ¡Para lamerse los dedos!

Podemos comprar mozzarella fresca en la Casa della Mozzarella. Y el pan de cebolla en Madonia Brothers —pero recuerda, sólo lo hacen los sábados. Mira, allí está la Full Moon Pizzeria: cuando era niño, siempre parábamos allí luego de los funerales. En este barrio hay una pizzería en casi todas las cuadras. Pero cada una prepara la pizza de forma un poco diferente, dándonos una razón particular para que entremos. Es como la música.

Arthur Avenue fue uno de los primeros lugares que educó mi paladar. Me enseñó lo que era bueno.

• • •

Íbamos todos a la Iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Quienes se casaron allí cuando yo era niño jamás se divorciaron.

Mis padres estuvieron casados durante setenta años. Es importante saberlo porque mi familia fue el marco de mi juventud. La música me ha llevado por todo el mundo, y tuve la fortuna de conocer y trabajar con algunas de las estrellas más grandes y con las personas más influyentes de este negocio. Pero mis éxitos estuvieron acompañados de errores personales, algunos de dominio público. He dedicado gran parte de mi vida a intentar, de muchas formas, convertirme en el hombre que fue mi padre.

Mi padre, Thomas Mottola Sr., era un hombre tranquilo, cuya única misión en la vida era cuidar de su familia. No podría imaginar un mejor padre. La razón por la cual se dedicó por completo a sus hijos, y en especial a mí, nunca fue un secreto. Mi padre no conoció jamás a su padre. La única imagen que tenía de él era una foto suya, enmarcada, en la que lucía un uniforme del ejército italiano. Creo que mi padre jamás supo cómo murió su padre. Mi padre nació en Bleecker Street, en Manhattan, cuando el país entero luchaba en tiempos de dificultad económica. Una bondadosa mujer, dueña de una granja en el Bronx, se hizo cargo de su hermano y de su hermana, dado que podía cuidarlos mejor. Así se hacían las cosas en ese entonces.

Durante su adolescencia, mi padre asistió a la Escuela Secundaria Roosevelt High en Fordham Road. Allí estudiaba de noche, y de día trabajaba como mensajero para una firma de corredores de aduana. Llevaba los formularios de ingreso aduanero para aprobación, lo que permitía la nacionalización de los productos de los importadores. Cuando logró reunir 750 dólares, dejó su trabajo asalariado y montó su propio negocio. Lo llamó Atlas Shipping. Su oficina era la definición de papeleo y rutina. Cada caja de licor importada por Seagrams y cada caja de madera con muebles fabricados en la India tenían que ser meticulosamente documentadas. Aunque no era un trabajo apasionante, le permitía sostener a su familia, y muy bien. Veía a mi padre salir de casa cada mañana, como un reloj, y con frecuencia iba con mi madre a la estación del tren a recibirlo. Con el tiempo nos mudamos del pequeño apartamento a sólo unas calles de Arthur Avenue a una casa ubicada a pocas millas de Pelham Parkway, que compartía pared con la casa vecina. Y luego, ocho años más tarde, nos pasamos a una cómoda casa suburbana a unos treinta minutos al norte de New Rochelle, que podría haber sido lo que para su padre significaba el Sueño Americano.

Mi padre no perdió tiempo cuando se trató de formar una familia. Conoció a mi madre —Lena Bonetti, a quien todos llamaban Peggy— en el barrio Fordham del Bronx cuando ella tenía quince años. Mi madre siempre había querido ser cantante. Pero su padre era muy estricto y tradicionalista. No consideraba que fuera digno de una mujer joven entrar al mundo de la farándula. Cuando ella le contó cuáles eran sus sueños profesionales, él le respondió con una cachetada.

Recuerdo que a mi madre le fascinaba cantar, pero sólo pudo hacerlo en la iglesia, cuando niña, o en nuestra casa, en compañía de familiares y amigos. Mi padre tocaba el piano y el ukulele, y mis tíos lo acompañaban tocando guitarra. Los fines de semana, la sala de mi casa se llenaba de comida, invitados, comida, música, comida, risas y más comida. Las bases del matrimonio de mis padres no podían haber sido más sólidas y transparentes. Tenían un ancestro común: la familia de mi madre provenía de Nápoles y de Bari, y la familia de mi padre provenía de Nápoles y de Avellino. Tenían su iglesia y sus tradiciones religiosas. Compartían una inamovible dedicación a sus hijos. Y, además de todo eso y de su química personal, a Thomas y Peggy Mottola los unía su amor por comer en familia y su amor por la música.

Mis padres tuvieron a sus tres hijas mucho antes de que yo naciera: Jean y Joan, las mellizas, y Mary Ann. Pero siempre habían querido tener un hijo, y por eso cuando llegué me convertí en el niño Dios. El padrino que eligieron para mí se parecía muy poco a Marlon Brando o a Al Pacino. Su nombre era Victor Campione y, desde muy temprano en su vida, había trabajado para el FBI. Ahora, basta de estereotipos.

Después de jubilarse de su trabajo como oficial de policía, mi abuelo decidió entrar a la política local y evolucionó hasta convertirse eventualmente en líder distrital demócrata del Bronx. El tío Vic era una de esas personas que ejercían un tremendo poder tras bastidores en la época de Tammany Hall, un asesor político que ayudó a personas como Abe Beame a ser elegido alcalde de la ciudad de Nueva York. Era rígido y directo, y teníamos que prestar atención a cada una de sus palabras. Me bastaba con mirar a tío Vic para saber que era mi deber en la vida convertirme en un profesional prominente y hacer que mis padres se sintieran orgullosos de mí.

Para cuando cumplí cinco años, mis tres hermanas mayores ya habían crecido y habían dejado la casa paterna. Eso hizo que mis padres me dieran el mil por ciento de su tiempo. Mi madre me llevaba al colegio, me recogía por la tarde y me ayudaba a hacer las tareas. Me frotaba con alcohol cuando tenía fiebre. También era una persona muy disciplinaria. Tenía que serlo. Yo no podía hacer nada que no fuera correcto a los ojos de mi padre. En una ocasión, cuando era muy pequeño, tendría tal vez tres o cuatro años, estaba en el sótano jugando con un martillo y golpeé a una de mis hermanas mayores en la cabeza. Cuando se quejó, mi padre preguntó: “¿Quién dejó el martillo fuera de su sitio?”.

Yo rebosaba de una interminable energía que hoy podrían diagnosticar, muy probablemente, como Trastorno de Déficit de Atención. Fue algo que me sirvió mucho, más tarde, cuando llegué a ser presidente de Sony Music porque ese tipo de energía y de personalidad se adaptaba perfectamente a las exigencias constantes de mi cargo. Sin embargo, esto me trajo algunos problemas de joven porque, aunque no era un chico malo, sí era sumamente inquieto; no dejaba de indagar cosas nuevas. Mi amigo más antiguo, Ronny Parlato, recuerda un día que prendí el buldócer con la llave que mi padre había dejado en el arranque y lo conduje por todo el lote baldío que había detrás de mi casa, en Pelham Parkway. Él asegura que en ese entonces yo no tenía más de tres años. Mi inagotable energía solía llevarme adonde no debía ir y rara vez encontraba un muro que no quisiera derribar.

Los Hermanos Cristianos de Irlanda en la Escuela Primaria Iona Grammar, New Rochelle, siempre tenían formas de manejar a los muchachos que no se adaptaban a sus rígidas expectativas. Los hermanos solían caminar por todas partes con unas correas que tenían terminaciones punzantes, como de garras de gato, y las escondían entre las mangas de sus hábitos; si cruzábamos la raya, nos golpeaban. En una oportunidad le saqué la lengua al director y otro niño me acusó. El director me llevó a su oficina y me golpeó fuertemente. Esa noche, cuando estaba por entrar a la bañera, mi madre notó los moretones y las vetas rojas en mi trasero. De inmediato se lo contó a mi padre. Mi padre era la persona más dulce y amable del mundo, pero era mejor no amenazar ni hacer daño a sus hijos porque ese hombre dulce se convertía en una fiera terrible que sería mejor no imaginar. No dijo ni una palabra: sólo se puso su abrigo y se fue de casa directamente a ver al director. Nunca supe qué le dijo ni qué ocurrió. Pero lo que sí puedo decirte es que los Hermanos Cristianos de Irlanda jamás me volvieron a tocar.

• • •

Ven, vamos a Dominick’s a comer algo.

Mierda, sólo vamos en la página seis y ya estoy en problemas. Ya imagino lo difícil que me harán la vida mis amigos, los dueños de Roberto’s y de otros pocos restaurantes, por no haber elegido sus negocios. Oye, antes de morir debes ir a Roberto’s a comer cavatelli con salchichón y brócoli salteado en ajo y aceite porque es algo del otro mundo. Pero ésa comida será para otro día.

A propósito, en Dominick’s no hay menús. Las alternativas son: o tú dices lo que deseas y eso es lo que te sirven, o ellos te dicen qué quieres y eso es lo que te sirven. Las mesas son largas. Todo el mundo se sienta junto, uno al lado del otro, y si hay un lugar idóneo para ir a comer con tu mejor amigo, es Dominick’s.

Y ahora mismo quiero hablar de mi mejor y más antiguo amigo. Mi relación con Ronny Parlato explicará algunas cosas que tal vez te sorprendan. Por ejemplo, estoy seguro de que no sabes que una vez me convertí al judaísmo. Es una larga historia y llegaremos a ella a su debido tiempo. Pero todo comienza con Ronny y con el barrio en el que crecí.

El barrio de Pelham Parkway, donde comencé a pasar tiempo con Ronny, estaba habitado por una mezcla de familias judías e italianas, y el mismo Ronny era una muestra de ello. Su madre era judía y su padre italiano.

Mi mamá y la mamá de Ronny, Libby, eran como hermanas. O no: eran más que hermanas, eran como almas gemelas. Tan pronto como nos mudamos del Bronx a New Rochelle, la madre y el padre de Ronny se mudaron del Bronx a New Rochelle. Peggy y Libby salían juntas todos los días.

Cuando Ronny y su familia celebraban Chanukah, siempre tenían un regalo para mí en el momento de encender las velas de la menorá. Mis padres me enviaron a un campamento exclusivo para judíos durante un par de veranos, que incluía los servicios de la noche del viernes. Por consiguiente, sabía cómo se usaba la marmulla, cómo se encendías las velas, seguía las oraciones en hebrero y bebía vino Manischewitz. Me parecía divertido decir baruch. Siempre me gustó el sonido khhhhhhhh.

De la misma forma, en el árbol de Navidad de mi familia siempre había un regalo para Ronny. Todos los años mi madre preparaba cerca de treinta platos diferentes de mariscos y frutos de mar para celebrar las fiestas y, a través de los años, Ronny probablemente probó cada uno de ellos. No puedo recordar haber pasado mejores momentos que durante las Navidades de mi niñez. Pero desde muy temprano me sentí a gusto con cualquier tipo de festividad. Para mí la religión parecía no tener diferencias. Los únicos muros que no tuve que derribar en mi vida fueron los muros religiosos y culturales. Para mí simplemente no existen. Ese fue un regalo de las calles del Bronx.

Pronto me estaba poniendo una toalla sobre los hombros para imitar los movimientos de danza de James Brown mientras cantaba Please, Please, Please. Cuando tenía unos catorce años, mis padres me dejaban ir con mis amigos en tren a Harlem para ver a Stevie Wonder, Wilson Pickett y Joe Tex en el Teatro Apollo. Cuando conocí a Gloria y a Emilio Estefan, casi veinticinco años después, se convirtieron prácticamente de inmediato en un par de miembros más de mi familia porque su cultura cubana me hacía sentir como si estuviera de vuelta en el Bronx. Esta apertura a todas las culturas se convirtió en una verdadera fortaleza cuando asumí el cargo de director de una corporación multinacional, y también se reflejó en mi vida personal. Mi primera esposa era judía; la segunda era parte irlandesa, parte negra y parte venezolana; y Thalia, la preciosa mujer que veo al despertarme cada mañana, nació y creció en la Ciudad de México. Por eso es que, años más tarde, cuando Michael Jackson organizó una conferencia de prensa para decir que yo era un racista y un demonio, queda claro que su comentario no tiene nada que ver con el racismo ni con el cielo o el infierno, sino con la incapacidad de un artista, al que le estaba dejando de ir bien, de adaptarse a las ventas cada vez más bajas de sus discos. Michael estaba reaccionando ante la autoridad y simplemente buscaba una forma de salirse de su contrato con Sony.

El ataque fue triste y patético. Como director de la compañía me mantuve al margen del conflicto y, naturalmente, me abstuve de hacer cualquier comentario al respecto. Ahora que Michael ha muerto nada gano con revivir este incidente. Pero, si me conoces, sabes que no soy un hombre que evita el conflicto. Ésta es la historia de mi vida y es importante dejar las cosas claras para el futuro. Por lo tanto, te contaré lo que realmente ocurrió. Sólo tendrás que ser paciente. Falta poco.

¿Qué tal una copa de vino?

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Una de las cosas acerca de escribir un libro de memorias es que nos obliga a remontarnos a esos momentos que nos ayudaron a convertirnos en lo que ahora somos.

Para mí, la época en la que crecí y el haberlo hecho en el Bronx fueron elementos clave. El día que nací tenía dos hermanas mellizas de quince años y una de trece. Desde el primer día desperté en el pequeño apartamento que era nuestro hogar. A mis oídos llegaban los más recientes éxitos de canciones pop que sonaban a todo volumen desde la radio que tenían ellas en su cuarto. Tan pronto como pude caminar, me detenía cuando oía distintos sonidos que me llamaban la atención; mi madre siempre estuvo muy consciente de esa reacción. Ella me llevaba de la mano mientras íbamos hasta Alexander’s, una tienda por departamentos en Gran Concourse con Fordham Road. Ahí yo me detenía, permanecía inmóvil y escuchaba los sonidos de música que salían de muchas de las tiendas a lo largo de la calle. Cuando eso ocurría, ella no me obligaba a seguir adelante; se detenía e incluso me cantaba la melodía.

Eran tan diversos los sonidos que salían de esas tiendas: doo-wop, salsa, rock, Sinatra... O si salíamos de compras tarde en la noche un jueves, podía escucharse la banda de Tito Puente en la calle Concourse. De nuevo en casa, oía a mi madre cantar y a mis hermanas armonizar todos los días. Los fines de semana veíamos a mi padre tocar el ukelele mientras mi tío Ray tocaba la guitarra. Estaba rodeado de música desde la mañana hasta la noche. Desde que cumplí dos años, me subía al banco del piano de la familia y golpeaba con fuerza las teclas.

Pero cuando tenía ocho años hubo un momento definitivo que me sacudió de arriba a abajo como una descarga eléctrica: fue la primera vez que oí Don’t Be Cruel sonando a todo volumen en la radio AM de mis hermanas. El compás y el ritmo de esa canción me dejaron marcado para siempre, y fue lo que me motivó y me inspiró a convertirme en lo que soy. Elvis Presley, el Rey.

Le rogué a mi madre para que me llevara a la tienda de discos en Fordham Road y con las dos manos agarré mi primer álbum. Ese primer álbum fue el primer álbum de Elvis. El álbum me encantaba. Me gustaba la fotografía de Elvis en acción, en la carátula, con la boca muy abierta y los ojos cerrados y con la guitarra en sus manos. Elvis estaba escrito en sentido vertical en letras rosadas al lado izquierdo de la carátula y Presley estaba escrito en sentido horizontal en la parte de abajo, en letras verdes. Me fascinaba el sello de la RCA en la esquina superior derecha con el perro escuchando el gramófono. Me encantó quitarle el forro de plástico templado.


AUTHORS:

Tommy Mottola

PUBLISHER:

Penguin Publishing Group

ISBN-10:

0451241053

ISBN-13:

9780451241054

BINDING:

Paperback / softback

BISAC:

BIOGRAPHY & AUTOBIOGRAPHY

LANGUAGE:

Spanish

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