Los Madrugadores
by Bantam
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Description
Tyrel Sackett was born into trouble but vowed to justice. After having to kill a man in Tennessee, he hit the trail west with his brother Orrin. Those were the years when decent men and women lived in fear of Indians, rustlers, and killers, but the Sackett brothers worked to make the West a place where people could raise their children in peace. Orrin brought law and order from Santa Fe to Montana, and his brother Tye backed him up every step of the way. Till the day the job was done, Tye Sackett was the fastest gun alive.Our foremost storyteller of the American West, Louis L’Amour has thrilled a nation by chronicling the adventures of the brave men and woman who settled the frontier. There are more than three hundred million copies of his books in print around the world.CAPÍTULO 1
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MI HERMANO, ORRIN Sackett, era tan enorme como para pelear contra los osos con una fusta. Yo, yo era el flaco, de la misma estatura que Orrin, pero con carne sĂłlo sobre los huesos de los hombros y en los brazos. Orrin cantaba como un ángel, o como un autĂ©ntico galĂ©s, que era mejor aĂşn que los propios ángeles. TenĂamos ascendencia galesa por los cuatro costados. Orrin era grande y fortachĂłn, pero para un hombre tan grande era asombrosamente rápido.
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La gente decĂa que yo era el reservado, y en los cerros donde nos criamos de niños, la gente evitaba pelear conmigo. Aunque Orrin era más grande que yo, y capaz de derribar a un toro, le faltaba algo que yo tenĂa.
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ÂżConocen la enemistad entre los Sackett y los Higgins? Pues en la Ă©poca que les cuento, a nosotros los Sackett se nos habĂan acabado los Higgins.
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Higgins el Alto, el más despreciable, tambiĂ©n fue el Ăşltimo. Vino a la caza de los Sackett con un viejo rifle de matar ardillas. Estaba detrás de Orrin, y se envalentonĂł porque sabĂa que Orrin no iba a ir armado a una boda.
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Lo Ăşltimo en que pensaba Orrin ese dĂa era en los Higgins puesto que Mary Tripp le estaba dando la bienvenida y además habĂa decidido casarse con ella, por lo que supuse que a mĂ me correspondĂa ir al encuentro de Higgins el Alto por el camino. En el mismo momento que iba a retarlo a desenfundar, el predicador Myrick maniobrĂł su vagĂłn en medio de nosotros, y cuando logrĂ© darle la vuelta me encontrĂ© a Higgins el Alto abierto de piernas en el camino apuntando a Orrin.
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La gente empezĂł a gritar y Higgins el Alto disparĂł. Mary, que lo vio primero, empujĂł a Orrin para salvarlo, pero perdiĂł el equilibrio y cayĂł justo enfrente de la bala destinada a Orrin.
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—¡Alto!
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Al reconocer mi voz, giro rápidamente, y tenĂa el rifle colocado en alto sobre la cintura y me apuntĂł apretando los labios.
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Higgins el Alto tenĂa buena punterĂa con el rifle y disparĂł apresuradamente … quizás demasiado …
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VolvĂ mi veterana pistola a la pistolera y Higgins el Alto cayĂł mordiendo el polvo. Cuando me di la vuelta y caminĂ© hacia la arboleda, fue el paseo más largo de mi vida, excepto otro que ocurrirĂa mucho despuĂ©s.
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Ollie Shaddock podĂa estar por allĂ, y sabĂa que si Ollie gritaba mi nombre tendrĂa que darme la vuelta, porque Ollie era el representante de la ley por esas montañas, y además Ă©ramos parientes.
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Cuando Mamá me vio acercarme acortando distancia entre los árboles supo que algo andaba mal. Tardé poco en contárselo. Ella estaba sentada en una mecedora destartalada y me miró fijamente a los ojos mientras se lo contaba.—¿Tye?—inquirió como enojada—, ¿Higgins el Alto te miraba a los ojos cuando lo mataste?
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—Derechito a los ojos.
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—Agarra el caballo moteado—dijo mi madre—, es el más rápido por las montañas. Vete hacia el oeste, y cuando encuentres tierras hondas y fértiles con animales de caza en las montañas, pide a alguien que me escriba y los muchachos y yo iremos para allá.
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MirĂł a su alrededor a la desolaciĂłn que la rodeaba. A pesar de trabajar sin descanso, y los Sackett Ă©ramos muy trabajadores, no lográbamos salir de apuros y vivĂamos mal. Por eso Mamá, desde que muriĂł Papá, soñaba con ir al oeste.
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La mayor parte de este sueño se lo debĂa a Papá, un trotamundos inteligente que pasaba poco tiempo en casa, pero Mamá le querĂa a pesar de todo, y nosotros los chiquillos tambiĂ©n le querĂamos. Papá tenĂa voz de galĂ©s, una voz que podĂa hacer mĂşsica de cualquier palabra y crear una canciĂłn que te hacĂa entrever esa tierra lejana que esperaba a la gente para que la segaran.
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Los gastados ojos azules de Mamá eran más duros de afrontar incluso que Higgins el Alto, y Ă©l con un rifle en la mano.—Tye, Âżpiensas que serĂas capaz de matar a Ollie?
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Jamás se lo habrĂa dicho a nadie, pero a ella sĂ le dije la verdad.—No me gustarĂa, Mamá, porque somos parientes, pero si no hay más remedio lo harĂa. Creo que puedo desenfundar más rápido y disparar más certero que nadie.
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Ella se retirĂł la pipa de los labios.
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—Llevo dieciocho años viĂ©ndote crecer, Tyrel Sackett, y te has pasado doce de ellos desenfundando y disparando. Tu padre me dijo cuando tenĂas quince años que nunca habĂa visto cosa igual. Respeta la ley, Tye. Nunca vayas en contra de ella.—Se arropĂł el chal sobre las rodillas—. Si Dios quiere nos encontraremos de nuevo en las tierras del oeste.
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El camino que tomĂ© cruzaba la frontera del estado hacia el sur, y luego al oeste. Ollie Shaddock no me seguirĂa más allá del lĂmite del estado, asĂ que dejĂ© atrás Tennessee antes de que cayera el dĂa sobre las colinas.
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El sendero que seguĂa atravesaba tierra salvaje. En direcciĂłn al oeste salĂ de Tennessee y continuĂ© hasta Arkansas, los Ozarks y, por solitarios senderos, hasta Kansas. Cuando por fin entrĂ© cabalgando en la calle principal de Baxter Springs, la gente pensĂł que era otro renegado de las montañas que venĂa a ayudar a que no entrara el ganado infectado de Tejas, pero yo no era uno de Ă©sos.
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Los tejanos tenĂan su ganado a ocho millas, y cabalguĂ© hasta allĂ sin esperar un caluroso recibimiento para un extranjero. Esquivando los jinetes que daban vueltas por la zona, me aproximĂ© a la hoguera; el olor a comida me revolvĂa el estĂłmago. Llevaba dos dĂas en ayunas, no me quedaba dinero y era demasiado orgulloso para mendigar lo que no podĂa pagar.
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Un hombre bajo y fornido con cara cuadrada y bigote me increpó.—¡Oiga usted! ¡El del caballo gris! ¿Qué busca?
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—Trabajo si tienen, y comida si les sobra. Me llamo Tyrel Sackett, vengo desde Tennessee y voy al oeste hacia los Rockies, pero si hay un trabajo montarĂ© con ustedes hasta allĂ.
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El hombre me miró de arriba abajo, de manera penetrante, y luego dijo:—Baja, hombre, y acércate al fuego. Nunca he echado a nadie de la hoguera sin darle de comer. Soy Belden.
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Cuando até a Dapple me acerqué, y vi un hombre corpulento y guapo tumbado cerca de la hoguera, un hombre con una barba dorada como la de los vikingos de los que mi padre hablaba.—¡Demonios—dijo afable—, un campesino!
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—¿QuĂ© hay de malo en ello?—pregunté—. Si alguien no los hubiera cultivado, ahora no tendrĂa usted el estĂłmago lleno de frijoles.
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—Sr. Sackett, hemos tenido problemas con los campesinos—dijo Belden—, ha habido tiroteos y los campesinos mataron a uno de mis hombres.
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—AsĂ que—dijo una voz junto a mĂ—, quizás deberĂamos matar a un campesino.
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Era un buscapleitos y conocĂa su tipo desde hacĂa tiempo. Era un hombre de estatura media con el hombro caĂdo del lado del arma. TenĂa unas cejas negras y pobladas que se le unĂan encima de la nariz y un rostro delgado y estrecho. Si lo que buscaba era una pelea, iba por buen camino.
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—Señor—le dije—, si cree que puede matar a este campesino, puede intentarlo.
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Me mirĂł por encima del fuego, sorprendido, pienso, porque habĂa esperado verme asustado. Yo iba vestido como un campesino, con una camisa hecha en casa, vieja y remendada, y con los pantalones vaqueros metidos dentro de las botas. Estaba seguro de que mi aspecto era deplorable, pero si alguien miraba mi pistola verĂa que por ese barril habĂa salido mucho plomo.
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—¡Carney, ya está bien!—dijo Belden bruscamente—. ¡Este hombre está invitado a nuestra hoguera!
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El cocinero me trajo un plato de comida y olĂa tan sabroso que no levantĂ© la vista hasta que me comĂ ese y otro más y engullĂ tres tazas de cafĂ© negro bien caliente. En las colinas preferĂamos el cafĂ© fuerte, pero Ă©ste era capaz de hacerte crecer alambre en vez de pelo en el pecho.
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El tipo de la barba dorada me observaba y dijo a Belden:—Jefe, contrate a este hombre. Si trabaja como come, le hará buen trabajador.
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—La cuestión es—interrumpió Carney—, ¿sabe pelear?
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De repente reinĂł el silencio alrededor del fuego cuando apartĂ© mi plato y me levantĂ©.—Señor, no lo matĂ© antes porque cuando me fui de casa le prometĂ a mi madre que tendrĂa cuidado con el revĂłlver, pero usted me está tocando la paciencia.
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Carney sĂ que era un buscalĂos, y cuando me mirĂł por encima del fuego, comprendĂ que tarde o temprano tendrĂa que matarlo.
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—¿AsĂ que se lo prometiĂł a Mamá?—dijo, mofándose—. ¡Ya veremos!—MoviĂł su pie derecho unos centĂmetros hacia delante, y yo estaba a punto de carcajearme cuando escuchĂ© a mis espaldas una voz calurosa y profunda que dijo decidida—: Señor, más vale que se retire y se siente. No voy a permitir que Tyrel le deje sin pellejo en este momento, asĂ que siĂ©ntese y cálmese.
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Era Orrin, y conociĂ©ndole, sabĂa que le apuntaba su rifle a Carney.
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MI HERMANO, ORRIN Sackett, era tan enorme como para pelear contra los osos con una fusta. Yo, yo era el flaco, de la misma estatura que Orrin, pero con carne sĂłlo sobre los huesos de los hombros y en los brazos. Orrin cantaba como un ángel, o como un autĂ©ntico galĂ©s, que era mejor aĂşn que los propios ángeles. TenĂamos ascendencia galesa por los cuatro costados. Orrin era grande y fortachĂłn, pero para un hombre tan grande era asombrosamente rápido.
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La gente decĂa que yo era el reservado, y en los cerros donde nos criamos de niños, la gente evitaba pelear conmigo. Aunque Orrin era más grande que yo, y capaz de derribar a un toro, le faltaba algo que yo tenĂa.
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ÂżConocen la enemistad entre los Sackett y los Higgins? Pues en la Ă©poca que les cuento, a nosotros los Sackett se nos habĂan acabado los Higgins.
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Higgins el Alto, el más despreciable, tambiĂ©n fue el Ăşltimo. Vino a la caza de los Sackett con un viejo rifle de matar ardillas. Estaba detrás de Orrin, y se envalentonĂł porque sabĂa que Orrin no iba a ir armado a una boda.
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Lo Ăşltimo en que pensaba Orrin ese dĂa era en los Higgins puesto que Mary Tripp le estaba dando la bienvenida y además habĂa decidido casarse con ella, por lo que supuse que a mĂ me correspondĂa ir al encuentro de Higgins el Alto por el camino. En el mismo momento que iba a retarlo a desenfundar, el predicador Myrick maniobrĂł su vagĂłn en medio de nosotros, y cuando logrĂ© darle la vuelta me encontrĂ© a Higgins el Alto abierto de piernas en el camino apuntando a Orrin.
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La gente empezĂł a gritar y Higgins el Alto disparĂł. Mary, que lo vio primero, empujĂł a Orrin para salvarlo, pero perdiĂł el equilibrio y cayĂł justo enfrente de la bala destinada a Orrin.
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—¡Alto!
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Al reconocer mi voz, giro rápidamente, y tenĂa el rifle colocado en alto sobre la cintura y me apuntĂł apretando los labios.
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Higgins el Alto tenĂa buena punterĂa con el rifle y disparĂł apresuradamente … quizás demasiado …
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VolvĂ mi veterana pistola a la pistolera y Higgins el Alto cayĂł mordiendo el polvo. Cuando me di la vuelta y caminĂ© hacia la arboleda, fue el paseo más largo de mi vida, excepto otro que ocurrirĂa mucho despuĂ©s.
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Ollie Shaddock podĂa estar por allĂ, y sabĂa que si Ollie gritaba mi nombre tendrĂa que darme la vuelta, porque Ollie era el representante de la ley por esas montañas, y además Ă©ramos parientes.
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Cuando Mamá me vio acercarme acortando distancia entre los árboles supo que algo andaba mal. Tardé poco en contárselo. Ella estaba sentada en una mecedora destartalada y me miró fijamente a los ojos mientras se lo contaba.—¿Tye?—inquirió como enojada—, ¿Higgins el Alto te miraba a los ojos cuando lo mataste?
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—Derechito a los ojos.
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—Agarra el caballo moteado—dijo mi madre—, es el más rápido por las montañas. Vete hacia el oeste, y cuando encuentres tierras hondas y fértiles con animales de caza en las montañas, pide a alguien que me escriba y los muchachos y yo iremos para allá.
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MirĂł a su alrededor a la desolaciĂłn que la rodeaba. A pesar de trabajar sin descanso, y los Sackett Ă©ramos muy trabajadores, no lográbamos salir de apuros y vivĂamos mal. Por eso Mamá, desde que muriĂł Papá, soñaba con ir al oeste.
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La mayor parte de este sueño se lo debĂa a Papá, un trotamundos inteligente que pasaba poco tiempo en casa, pero Mamá le querĂa a pesar de todo, y nosotros los chiquillos tambiĂ©n le querĂamos. Papá tenĂa voz de galĂ©s, una voz que podĂa hacer mĂşsica de cualquier palabra y crear una canciĂłn que te hacĂa entrever esa tierra lejana que esperaba a la gente para que la segaran.
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Los gastados ojos azules de Mamá eran más duros de afrontar incluso que Higgins el Alto, y Ă©l con un rifle en la mano.—Tye, Âżpiensas que serĂas capaz de matar a Ollie?
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Jamás se lo habrĂa dicho a nadie, pero a ella sĂ le dije la verdad.—No me gustarĂa, Mamá, porque somos parientes, pero si no hay más remedio lo harĂa. Creo que puedo desenfundar más rápido y disparar más certero que nadie.
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Ella se retirĂł la pipa de los labios.
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—Llevo dieciocho años viĂ©ndote crecer, Tyrel Sackett, y te has pasado doce de ellos desenfundando y disparando. Tu padre me dijo cuando tenĂas quince años que nunca habĂa visto cosa igual. Respeta la ley, Tye. Nunca vayas en contra de ella.—Se arropĂł el chal sobre las rodillas—. Si Dios quiere nos encontraremos de nuevo en las tierras del oeste.
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El camino que tomĂ© cruzaba la frontera del estado hacia el sur, y luego al oeste. Ollie Shaddock no me seguirĂa más allá del lĂmite del estado, asĂ que dejĂ© atrás Tennessee antes de que cayera el dĂa sobre las colinas.
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El sendero que seguĂa atravesaba tierra salvaje. En direcciĂłn al oeste salĂ de Tennessee y continuĂ© hasta Arkansas, los Ozarks y, por solitarios senderos, hasta Kansas. Cuando por fin entrĂ© cabalgando en la calle principal de Baxter Springs, la gente pensĂł que era otro renegado de las montañas que venĂa a ayudar a que no entrara el ganado infectado de Tejas, pero yo no era uno de Ă©sos.
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Los tejanos tenĂan su ganado a ocho millas, y cabalguĂ© hasta allĂ sin esperar un caluroso recibimiento para un extranjero. Esquivando los jinetes que daban vueltas por la zona, me aproximĂ© a la hoguera; el olor a comida me revolvĂa el estĂłmago. Llevaba dos dĂas en ayunas, no me quedaba dinero y era demasiado orgulloso para mendigar lo que no podĂa pagar.
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Un hombre bajo y fornido con cara cuadrada y bigote me increpó.—¡Oiga usted! ¡El del caballo gris! ¿Qué busca?
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—Trabajo si tienen, y comida si les sobra. Me llamo Tyrel Sackett, vengo desde Tennessee y voy al oeste hacia los Rockies, pero si hay un trabajo montarĂ© con ustedes hasta allĂ.
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El hombre me miró de arriba abajo, de manera penetrante, y luego dijo:—Baja, hombre, y acércate al fuego. Nunca he echado a nadie de la hoguera sin darle de comer. Soy Belden.
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Cuando até a Dapple me acerqué, y vi un hombre corpulento y guapo tumbado cerca de la hoguera, un hombre con una barba dorada como la de los vikingos de los que mi padre hablaba.—¡Demonios—dijo afable—, un campesino!
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—¿QuĂ© hay de malo en ello?—pregunté—. Si alguien no los hubiera cultivado, ahora no tendrĂa usted el estĂłmago lleno de frijoles.
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—Sr. Sackett, hemos tenido problemas con los campesinos—dijo Belden—, ha habido tiroteos y los campesinos mataron a uno de mis hombres.
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—AsĂ que—dijo una voz junto a mĂ—, quizás deberĂamos matar a un campesino.
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Era un buscapleitos y conocĂa su tipo desde hacĂa tiempo. Era un hombre de estatura media con el hombro caĂdo del lado del arma. TenĂa unas cejas negras y pobladas que se le unĂan encima de la nariz y un rostro delgado y estrecho. Si lo que buscaba era una pelea, iba por buen camino.
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—Señor—le dije—, si cree que puede matar a este campesino, puede intentarlo.
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Me mirĂł por encima del fuego, sorprendido, pienso, porque habĂa esperado verme asustado. Yo iba vestido como un campesino, con una camisa hecha en casa, vieja y remendada, y con los pantalones vaqueros metidos dentro de las botas. Estaba seguro de que mi aspecto era deplorable, pero si alguien miraba mi pistola verĂa que por ese barril habĂa salido mucho plomo.
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—¡Carney, ya está bien!—dijo Belden bruscamente—. ¡Este hombre está invitado a nuestra hoguera!
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El cocinero me trajo un plato de comida y olĂa tan sabroso que no levantĂ© la vista hasta que me comĂ ese y otro más y engullĂ tres tazas de cafĂ© negro bien caliente. En las colinas preferĂamos el cafĂ© fuerte, pero Ă©ste era capaz de hacerte crecer alambre en vez de pelo en el pecho.
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El tipo de la barba dorada me observaba y dijo a Belden:—Jefe, contrate a este hombre. Si trabaja como come, le hará buen trabajador.
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—La cuestión es—interrumpió Carney—, ¿sabe pelear?
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De repente reinĂł el silencio alrededor del fuego cuando apartĂ© mi plato y me levantĂ©.—Señor, no lo matĂ© antes porque cuando me fui de casa le prometĂ a mi madre que tendrĂa cuidado con el revĂłlver, pero usted me está tocando la paciencia.
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Carney sĂ que era un buscalĂos, y cuando me mirĂł por encima del fuego, comprendĂ que tarde o temprano tendrĂa que matarlo.
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—¿AsĂ que se lo prometiĂł a Mamá?—dijo, mofándose—. ¡Ya veremos!—MoviĂł su pie derecho unos centĂmetros hacia delante, y yo estaba a punto de carcajearme cuando escuchĂ© a mis espaldas una voz calurosa y profunda que dijo decidida—: Señor, más vale que se retire y se siente. No voy a permitir que Tyrel le deje sin pellejo en este momento, asĂ que siĂ©ntese y cálmese.
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Era Orrin, y conociĂ©ndole, sabĂa que le apuntaba su rifle a Carney.
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PUBLISHER:
Random House Publishing Group
ISBN-10:
0553588826
ISBN-13:
9780553588828
BINDING:
Paperback / softback
BISAC:
Fiction
PUBLICATION YEAR:
2006
NUMBER OF PAGES:
272
BOOK DIMENSIONS:
4.1800(W) x 6.7300(H) x 0.6000(D)
AUDIENCE TYPE:
General/Adult
LANGUAGE:
Spanish